Tomás Rojas, uno de los residentes del sector y participante en la realización del mural, explicó que junto a un artista y otras dos personas comenzaron la pintura luego de pedir autorización a Sedesa para usar la pared. “Lo hicimos desde la Semana Santa. Duramos más de un mes y medio. Lo hicimos con el alma, con el corazón roto. Yo vivo justo al frente y conocía a muchas de las víctimas, como Milagros, Andrés y una pareja que vivía en la misma calle”, relató conmovido.
El mural incluye flores, palomas, una cinta negra con la bandera dominicana y una lista con nombres de fallecidos, rodeados de símbolos de vida y esperanza. “Nos sentimos orgullosos de lo que hicimos, pero también muy apenados. Esta es nuestra forma de rendirles tributo”, agregó Tomás, mientras finalizaban los detalles de pintura y embellecimiento de las aceras.
El arte también puede ser protesta, memoria y consuelo. En medio del dolor por las vidas perdidas, crece la exigencia de justicia y verdad, pues hasta el momento no hay responsables detenidos por la tragedia. El mural, ahora símbolo de resistencia colectiva, permanecerá como testimonio de lo que ocurrió y como promesa de que no serán olvidados.
