El potente sismo provocó el colapso de gran parte de la infraestructura nacional, dejando una huella imborrable en millones de familias. De acuerdo con cifras oficiales y de organismos internacionales, más de 200,000 personas perdieron la vida tras el derrumbe de edificios públicos y residenciales, mientras que cerca de dos millones quedaron sin hogar, obligadas a vivir durante años en campamentos improvisados de desplazados.
La capital, Puerto Príncipe, fue una de las zonas más afectadas. Símbolos emblemáticos de la nación quedaron reducidos a escombros, entre ellos el Palacio Nacional, la Catedral de Puerto Príncipe, así como numerosas escuelas y hospitales, lo que agravó la crisis humanitaria y limitó la capacidad de respuesta del Estado.
A dieciséis años de la tragedia, Haití continúa enfrentando enormes desafíos en su proceso de reconstrucción y desarrollo, en medio de dificultades políticas, económicas y sociales. No obstante, la fecha sirve también como un momento de memoria y reflexión, en honor a las víctimas y a la resiliencia de un pueblo que, pese a la adversidad, sigue luchando por un futuro más estable y digno.
