¿Dónde está la oposición política?



Por Daygorod Fabián Sánchez
El Autor es Educador y Comunicador Social de Villa Vásquez

Aunque se ha querido utilizar como sofisma la idea de que en el país no hay oposición política, el argumento a título de incógnita debería ser ¿Por qué es tan débil y no logra verse como opción de poder?

No es difícil engarzar los elementos que ayudan a construir una propuesta opositora convincente y atractiva desde el punto de vista electivo, sin embargo se ha hecho imposible que los exponentes de la oposición se reúnan y construyan un bloque que aloje las esperanzas del pueblo para conducir el país por otro rumbo, distinto por el que ha sido guiada la nación en los casi 20 años de gobiernos del PLD.  

La oposición política, me parece, está escondida en sus larvados planteamientos. Ha sido enervada con el presupuesto de la nación, mediante la compra descarada y la venta sin precedentes. En otros tiempos el opositor era guiado por una idea,  la cual no estaba en el estandarte del comercio bajo ninguna circunstancia. Ninguno de los estudiosos del escenario actual se imagina a un Bosch, Peña o Balaguer buscando contratas con el gobierno y recibiendo un nombramiento como respuesta a sus posturas.  

En el escenario partidario de los que discrepan del gobierno existen un descredito generalizado, donde salvo reconocidas excepciones se ve una vocación por servir al pueblo, y exponer las inconductas del oficialismo.

El espectro opositor ha sido usado como plataforma para establecer pactos ocultos e implícitos con las distintas dependencias del gobierno, donde el lucro es la única motivación para establecer ante la opinión pública cambios drásticos de actitudes que responden a ventajas de tipo económico. Ejemplo: Miguel Vargas.

Cuando un reconocido/a exponente de la partidocracia exhibe un nivel de radicalismo en contra de determinada ejecutoria del gobierno, pero de forma repentina cambia su discurso el vaho que se estila es interpretado por la opinión ciudadana como una estrategia usada para obtener un contrato, un nombramiento o convertirse en suplidor/a de lo que antes era criticado.

Cada día que pasa se obtura la vía para, de forma democrática – en las urnas- derrotar al partido de gobierno. Esto sucede porque la oposición vive la frase, bastante conocida “quien no sabe para dónde va, ya llegó”  

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