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Entre la montonera inicial, las esperanzas de triunfo sobre sí misma y sobre un suelo que tiembla, la voluntad de pervivir y la tragedia que no cierra la memoria colectiva, Santiago ha multiplicado su población trece veces desde 1750 a 1950.
De nuevo y a partir de la caída de la tiranía, experimentó una explosión poblacional, dado que en los regímenes de hierro, como cuestión defensiva natural, no abundan los nacimientos para que éstos no se conviertan en defunciones, como es lo común.
En estos momentos esta ciudad batalladora se dirige rauda a integrar un millón de almas en su enclave estratégico que es el valle del Cibao, de elevada productividad y creciente y complejo trastorno social.
En aquellos días penumbrales en que Santiago se formaba como una nebulosa modesta, apenas tenía repartidos por ahí cuatro mil personas y un espacio enorme para arribar, mediante el indeclinable proceso de reproducción natural, a la cantidad de cincuenta y seis mil quinientos cincuenta y ocho habitantes (56,558).
Actualmente, se considera, la segunda ciudad, tiene, sin contar las migraciones, no menos crecientes, 761 mil 027 habitantes. El ochenta y ocho por ciento de ese total aproximado comprende la población del municipio.
Al 2020 serían 852 mil 030 personas que vivirán aquí, según consta en la Comisión técnica de población y cultura inserta en el Plan estratégico a aplicar el Plan Estratégico de Santiago 2020.
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