POR:
Reverendo Padre: Manuel EstƩvez
Iglesia Episcopal-Anglicana
             Dajabón


Los apóstoles de JesĆŗs comenzaron su predicación anunciando este hecho indiscutible: JesĆŗs de Nazaret, quien fue clavado en una cruz y sepultado RESUCITƓ.
Todo su mensaje giró en torno de esta noticia; hoy la Iglesia también centra toda su mision evangelizadora en JESÚS RESUCITADO. A partir de esta VERDAD, se realiza la evangelización, hace dos mil once años.
La resurrección de JesĆŗs es el hecho mĆ”s importante de toda la Historia de la Salvación. Es un asunto fundante  es decir, en Ć©l estĆ” fundada nuestra fe, y fundamental, pues sin Resurrección serĆ­a absurda, y no tendrĆ­a razón de ser nuestra fe. Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podrĆ­a anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. San Pablo lo afirma claramente: "Si Cristo no fue resucitado, nuestra predicación ya no contiene nada ni queda nada de lo que creen ustedes…. Y… ustedes no pueden esperar nada de su fe…. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos…" (1Co 15, 14; 17; 20). La Resurrección de JesĆŗs es una VERDAD, a la que de ninguna manera debemos renunciar si nos llamamos cristianos. La resurrección de JesĆŗs es la evidencia de que no estamos solos de que hay,  alguien que es nuestro Mediador y nuestro Abogado.

De ahĆ­  que como creyentes debemos reflexionar, en que o en quienes se fundamenta nuestra fe, si es Ćŗnicamente en  JesĆŗs resucitado, o echamos manos a algunos emergentes, con los cuales sin querer al pedirles favores, estamos negando de que Cristo tiene toda la autoridad en el cielo y en la tierra..Es necesario tener siempre presente, de que el Ćŗnico que ha resucitado es JesĆŗs, y que por su resurrección, Dios le ha dado todo el Poder para sanar, salvar y perdonar nuestros pecados.

La Iglesia cristiana, es decir todo ese pueblo que cree en el Padre en el Hijo y en el EspĆ­ritu Santo, debe mirar siempre en exclusiva la obra redentora de Cristo.

La resurrección de Cristo debe tener un impacto de cambio en nuestras vidas, debe llevarnos de la religiosidad a la espiritualidad, de la tradición enajenante a la tradición liberadora y bíblica, de la fe ciega a la fe donde la razón se ha su compañera.

La resurrección de Cristo no sólo es una celebración dominical, donde se encienden velas, se aplaude y se tocan campanas. Recordar la resurrección de nuestro SeƱor Jesucristo, es recordar nosotros que debemos convertirnos, pasar de la muerte a la vida, en otros tĆ©rminos, del odio al perdón, de la mentira a la verdad, de la esclavitud de falsas doctrinas al  abrazo de la verdad bĆ­blica.

¡ Aleluya Cristo ha resucitado!