Por: Belly Reyes Molina
Montecristi, Rep. Dom. Cuando el conjunto de ruidos y sonidos perceptibles en el ámbito ciudadano resultan lesivos para la audición y la salud se habla de contaminación sonora, un mal típico de los centros urbanos, que fluctúa según las horas de actividad y la concentración de los agentes productores del ruido. Esta particular forma de contaminación se ha tornado más que preocupante en esta ciudad. Por la falta de medidas adoptadas por la Procuraduría de Medio Ambiente del Departamento Judicial de Montecristi.
El asedio al oído origina el riesgo de una pérdida gradual de la audición cuyo límite es la sordera. El peligro se acentúa, lógicamente, para quienes están sometidos al acoso prolongado de motores con mufles operado, bocinas, aparatos electrónicos puestos con alto volumen.
Los efectos perjudiciales se amplían cuando perturban las horas de descanso. En ese caso es más dañino y origina un precoz envejecimiento del aparato auditivo y una consecuente reducción de la capacidad de oír. Así lo dio a conocer un galeno especialista en la materia que pidió reserva de su nombre.
El fenómeno ha crecido en intensidad y en persistencia en amplias áreas de la ciudad, y se ha convertido en uno de los agentes más perturbadores del bienestar ciudadano.
