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No son tantos los que han mirado al siglo XX con más lucidez y sarcasmo que Woody Allen. Gracias a ese ojo despiadado, siempre dispuesto a reírse hasta de sí mismo, heredamos algunas de las mejores metáforas de la sociedad norteamericana y, sobre todo, de la ciudad de Nueva York.
No contento con ese poder de síntesis, inalcanzable para la mayoría de los creadores,Woody hizo las maletas y cruzó el océano. Con el cambio de siglo, él también cambió de escenario y desde entonces se dedica a mirar (y filmar) a Europa con ojos de turista. Es así que hemos tenido la oportunidad de viajar hasta Londres, París, Barcelona yRoma en unos curiosos asientos de primera: la comodísima butaca que siempre se agencia el espectador. Woody nos ha hecho seguirle, como una manada de turistas japoneses, por una época que Visconti, Fellini yTruffaut no alcanzaron a conocer. |
