“Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”. Friedrich Nietzsche (1...
“Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti”.
Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán.
En las últimas décadas, así lo registra el curso de la historia, los dominicanos hemos sido pacientes, muy tolerantes, por cierto.
Durante los diferentes gobiernos, desde l966 hasta la fecha, al pueblo se le ha maltratado en todos los aspectos.
En distintas etapas hubo represiones, persecuciones, asesinatos políticos, inflación, deficiencia de los servicios básicos, desempleo, hambre, pobreza e indigencia; se ha sobrevivido por obra y gracia de Dios y de la Madre Naturaleza.
Los gobernantes han sustentado sus discursos en la demagogia, porque han formulado muchas promesas, pero en la práctica es muy poco lo que se ha hecho para responder a las necesidades esenciales de una población abandonada, marginada y olvidada a su suerte.
En la actualidad, esto se inscribe dentro de ese sistema injusto e infrahumano, la vida se torna muy difícil; la inflación destruye el poder adquisitivo de la mayoría de las familias dominicanas, porque los precios de los alimentos, medicamentos y de todos los productos de consumo masivo están en niveles exorbitantes, “están por las nubes”, como proclama el pueblo.
Las facturas de los servicios de energía eléctrica, agua potable, recogida de la basura, la televisión por cable y telefónica registran alzas de hasta un 70 por ciento en muchos casos.
Los dueños de los colegios privados y de las clínicas cobran mucho dinero por la educación y la asistencia médica.
Los fines de semana, cuando se supone se descansará, el ambiente es tenso y agotador, porque Industria y Comercio, nos ha acostumbrado a darnos tablazos y estocadas con los constantes aumentos de las cotizaciones de los carburantes, muy desproporcionales que intranquiliza a una población que no cuenta con dolientes que lo defiendan.
Los fines de semana, cuando se supone se descansará, el ambiente es tenso y agotador, porque Industria y Comercio, nos ha acostumbrado a darnos tablazos y estocadas con los constantes aumentos de las cotizaciones de los carburantes, muy desproporcionales que intranquiliza a una población que no cuenta con dolientes que lo defiendan.
Estamos en “un callejón sin salida”; vivir es un dolor de cabeza.
Y a pesar de la profundidad de la crisis, conforme a las encuestas, el presidente Danilo Medina registra una simpatía que ronda el 80 por ciento.
O somos masoquistas o muy conformes. No se explica que en medio de tantas precariedades, penurias y angustias el jefe del Estado y su Gobierno tengan una ponderación tan elevada.
Ahora bien, esto es un mensaje para quienes están embriagado de poder, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.
Ha de llegar el momento en que el pueblo decida asumir el camino de la lucha para defender sus derechos e intereses, porque es preferible morir en combate, que fallecer de hambre.
También es una lección para quienes se creen dueños y amos del país, que lo mediten en su mundo de confort, la siguiente sentencia: “Que no sigan apretando la rosca porque se puede correr la tuerca”. Y entonces, la situación será peor, que no quepa la menor duda.