POR: El Prof. Daygorod Fabián Sánchez Aunque en nuestro marco jurídico se encuentra consignado que tipo de castigos legales se ...
POR: El Prof. Daygorod Fabián Sánchez
Aunque en nuestro marco jurídico se encuentra consignado que tipo de castigos legales se ejecutan en contra de los que difamen o injurien de alguien, existen muchos escoyos por los cuales muchos periodistas hacen uso del poder del mensaje para dar estocadas mortales a la moral de gente honesta y seria.
Desde mi punto de vista tipifico los periodistas en dos categorías: a) Los que Investigan de Fuentes Fidedignas y b) Los que no. Lastimosamente los que están en el grupo A son pocos, por suerte puedo mencionar al ilustre Periodista que publica este artículo en su periódico digital, dentro del primer grupo, pero ¿De Mil Uno? Sí así es. Cuando no se investiga a profundidad caemos en el yerro y lo que es peor, en la equivocación propuesta con el único fin de crear un daño a alguien sea por cuenta propia o respondiendo a intereses.
Los periodistas que no investigan se convierten en sicarios periodísticos, no solo por su forma de hablar, sino también que su única finalidad que es expresamente dañar la imagen pública de alguien, esencialmente de cualquiera que no es de su encanto. Creo sólidamente que quienes incurren en este tipo de prácticas deben ser penalizados por la ley, por tanto debe contenerse dentro de la colección penal los estamentos que limiten esta práctica. Claro el sicariato periodístico no es solo dañar imágenes, también está pautado algo mucho peor y es el silencio comprado.
El periodismo dominicano, sufre uno de sus peores males y es el Silencio y complicidad ante contextos tan evidentes que cuando pretenden ser enmudecidos salen a luz por cuenta propia. Considero que la razón trascendental que esgrime el silencio y la complicidad informativa es que solo unos pocos productores de medios sostienen sus programas con dinero de su propio peculio económico, los demás dependen del patrocinio de un político de alto calibre o de publicidades estatales.
Y lo peor, desde mi punto de vista, radica en que la sociedad misma valora cada día menos los periodistas que en verdad buscan la realidad de los asuntos y tienen como norte difundir la verdad de lo que sucede en el diario vivir de la nación.
Precisamente en esta dirección es que se ha afectado la difusión y libertad de expresión ya que en este país se confunde publicidad con compra de cerebros. El gobierno en la mayoría de los casos tiene el propósito de callar las voces contrarias a sus ejecutorias y la forma moderna de hacerlo es beneficiando económicamente a dicha voz contradictoria. Esto por igual considero debe ser penalizado: El Silencio Cómplice.
