Por Daygorod Fabián Sánchez
El Autor es Educador y Comunicador Social de Villa Vásquez
A Prima facie la respuesta es
positiva. Juan Bosch es tomado como un referente ético y social en el terreno político.
Luego del golpe de Estado que le fue ejecutado, sus verdugos en un afán desmedido
por justificar su puñalada a la democracia, intentaron por todos los medios
buscar pruebas que lo incriminaran y posteriormente tipificaran como corrupto. Esas
pruebas nunca aparecieron, porque nunca existieron.
No hubo mustiedad de su parte,
hasta donde conocemos los que leemos la historia, luego de la salida a
destiempo del poder del Profesor Bosch. Su ímpetu fue expresado mediante
cuentos y libros de connotación política y social. Muchos teóricos, incluyéndome, esgrimimos la
tesis de la intervención norteamericana (apoyando a los sectores conservadores),
la Iglesia Católica y las franjas más mesuradas de ese entonces, para formar un
conciliábulo que sirviese como muro de contención de las ideas democráticas de
Bosch.
Pero pocos, por no decir ninguno,
se han detenido a pensar que independientemente de las ideas, teorías, hechos
concretos y manifestaciones foráneas e internas, Bosch en su afán de mostrarle
a la gente la manera en que debe de actuar un político para servirle al pueblo,
desde una agrupación partidaria, perdió de vista lo que hacen los políticos para
mantenerse en el poder.
El Bosch honesto, sincero,
transparente y forjador de ideologías políticas, no pudo ser el Bosch que haría
todo para preservar la matricula número uno (No. 1) del país. Resulta lamentable
la obtusidad con la que se comprendió el valor de ese Bosch que no era, no fue
ni sería como los expositores partidarios de la actualidad. Éstos contra viento
y marea, para mantener el status quo, de los privilegios que crispan a la ciudadanía
decente, son capaces de fabular mentiras (presentarlas como verdad) y retorcer
la realidad.
Desde ese ángulo no podemos temer
a decir que Bosch no era político. Bosch era un pensador, ciudadano ejemplar,
hombre preocupado por el destino de su país. Incapaz de usar los recursos
públicos para auto-favorecerse.
¿Ustedes imaginan a Bosch permitirles
a sus principales colaboradores aprobarse derechos de importación, a compañías personales,
actuando desde el poder como juez y parte? ¿Pensaríamos en un Bosch que destinara
más recursos a publicidad y propaganda oficial, que a ministerios de su
gobierno?
Cuando es observado el pugilato a
lo interno de la agrupación política, que él fundó, no se necesita ser
anticuario de las doctrinas políticas para ver que no hay ideología, no hay
programa gubernamental, no existen discrepancias por proyectos tendentes a los beneficios
de la colectividad, solo el macro interés de mantener la supremacía, de
facciones.
