Por NƩstor EstƩvez
Las sociedades que han registrado reales avances lo han logrado mediante pactos entre sus fuerzas vivas.
MĆ”s que recursos para explotar o cualquier otra caracterĆstica relacionada a primera vista con el bienestar, ha sido ese “caer en la cuenta” lo que ha permitido ubicar destino comĆŗn, alimentar alianzas y asumir las tareas que permiten avanzar.
La comunicación juega un papel determinante para ese proceso. Desde el mismo momento en que se intenta provocar el mĆ”s mĆnimo acercamiento, un mensaje claro, oportuno y motivante suele tener efectos virtuosos.
Pensemos en un ejemplo. Corea del Sur contaba con la mitad del PIB de RepĆŗblica Dominicana cuando ambos paĆses iniciaron relaciones diplomĆ”ticas. Hoy, aquella nación asiĆ”tica ocupa la posición doce, por encima de muchos paĆses considerados como ricos, al medirla por su PIB nominal, es decir, la suma de todos los bienes y servicios finales que produce durante un perĆodo determinado. Aunque podamos citar cualquier otro elemento diferenciador, el pacto logrado en el sur de aquella penĆnsula ha sido determinante para su avance.
Pero en nuestro caso nos ha costado mucho aprender esas lecciones. Hasta el momento, fuerzas sin identificar se han “salido con la suya” para que no logremos el mĆ”s mĆnimo acuerdo que propicie el avance. Da la impresión de que una especie de alianza para el mal se obsesiona en que, aunque parezcamos cambiar, todo siga igual.
QuizĆ”s se deba a ciertos efectos distractores. Por ejemplo, la pandemia Covid-19 hace que mucha gente pierda la noción precisa del paso del tiempo. Hay quienes asumen y plantean que del 2019 pasaremos al 2021. Hay quienes todavĆa no reparan en que ya ha llegado el dĆ©cimo mes del 2020.
Por eso no serÔ raro que alguien piense y sienta que la actual gestión de gobierno lleva mÔs tiempo del que realmente tiene. Para ese grupo es pertinente recordar que hace menos de tres meses que mÔs de dos millones de votantes escogieron provocar cambios en República Dominicana.
Eso sĆ, una cosa debe estar clara: los cambios reales no se producen con el limitadĆsimo ejercicio de emitir un voto cada cuatro aƱos. Los cambios de verdad son realizados con participación diversa y proactiva de las fuerzas vivas de una sociedad.
Es ahĆ donde la comunicación juega un rol estelar. Por supuesto, no nos referimos a producir y difundir información por la diversidad de plataformas que nos ofrece la actualidad. Se trata de ese proceso que implica escuchar a quienes han anhelado y confiado en las reales posibilidades de cambio en sus condiciones de vida. Esa serĆa una virtuosa forma de conectar con el mĆ”s autĆ©ntico sentimiento de amplios sectores de nuestro paĆs.
AquĆ es determinante un elemento que ha sido planteado y defendido por prestigiosas entidades internacionales. De manera reiterada se ha insistido en la importancia de recuperar la confianza de la ciudadanĆa en las instituciones pĆŗblicas, lo cual es elemento fundamental para avanzar por una senda de crecimiento inclusivo y de mayor bienestar colectivo. La RepĆŗblica Dominicana no estĆ” exenta de esa realidad. Recuperar esa confianza es garantĆa imprescindible para lograr mejorĆa de vida y autĆ©ntico desarrollo.
Una visita del presidente a Pedernales, Manzanillo, Santiago, San Pedro de MacorĆs o a cualquier otro punto del paĆs puede ser magnĆfica oportunidad para escuchar. Ocasiones similares podemos encontrarlas en cualquier contacto entre un servidor pĆŗblico y el mĆ”s humilde ciudadano de nuestro paĆs.
Para ello conviene integrar dos elementos: disposición a escuchar y acoplar la “orquesta”. Escuchar es el punto de partida para la real comunicación. Acoplar los mensajes que, con dicho y hecho, emite el gobierno ayudarĆ” a recuperar la confianza.
Es estimulante y esperanzador escuchar decir: “Todos somos servidores pĆŗblicos, aquĆ vinimos a servir al paĆs. Esto no es un botĆn polĆtico. El que quiera servir, va a poder servir”. Lo dijo el presidente Abinader, en Santiago. Si sus funcionarios asumen ese mensaje como pauta para los suyos, se estarĆ” en camino a lograr una “orquesta” acoplada.
En definitiva, mejorando la escucha activa y recuperando la confianza se ha de avanzar por la senda que lleva del sueño a la realidad, manteniendo excelente conexión con lo que aspira y merece el pueblo dominicano.
