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Antes de que se vaya el 2020

Por Néstor Estévez. Desde una rana que habla hasta una piedra que le responde son situaciones que encontramos en esos textos que tanto nos a...

Por Néstor Estévez.


Desde una rana que habla hasta una piedra que le responde son situaciones que encontramos en esos textos que tanto nos ayudan cuando nos iniciamos en la lectura.

Se cuenta que, tanto en Grecia como en la India, varios siglos antes de Cristo, las fábulas servían para enseñar valores. Incluso, muchos especialistas las recomiendan para que los niños aprendan a diferenciar lo bueno de lo malo, para estimular la afición por la lectura. 

Las fábulas también sirven para fomentar la reflexión, estimular la creatividad e imaginación, así como para ayudar a los niños a generar afecto por el entorno, en especial por la naturaleza, y a comportarse de forma responsable con ella. Y hasta mucho después de la niñez es recomendable ese tipo de lectura. Así, apoyando a infantes, resultamos beneficiados los adultos.

Por supuesto, una cosa es atribuir acciones humanas a animales y hasta a objetos, y una muy diferente es evadir responsabilidades, atribuyéndolas a quien primero se nos ocurra.

Eso es lo que mucha gente hace, casi seguro sin reparar en el fondo, cuando se queja del 2020 y hasta expresa su deseo de que termine ya. Mucha gente asocia el 2020 con la pandemia Covid-19. ¿Piensa esa gente que el primero de enero de 2021 no habrá Covid-19? ¿Lo que ocurre depende del tiempo o de lo que hagamos o dejemos de hacer durante transcurre?

De mucho ha de servir poner algunos puntos en claro en relación con el tiempo y nuestras acciones. Pero también en relación con el tiempo y nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes. Veamos tres aspectos muy brevemente. 

Lo primero es que no es por desearlo que el tiempo pasa. Sin pretender profundizar en un tratado sobre si el tiempo es real o no, independientemente de nuestra percepción al respecto, cada minuto tiene sesenta segundos, y cada día, mil cuatrocientos cuarenta minutos.

Ya sabemos que cuando estamos distraídos, el tiempo se nos va sin reparar en ello; mientras que, cuando estamos agobiados, parece no pasar. Pero todo se resume en percepción. Y todavía más, cuando nos empecinamos en acelerarlo, sentimos que va más lento.

Lo segundo es que el tiempo que no se aprovecha, sencillamente se va y no vuelve. En muchísimas ocasiones también ocurre que alguien por ahí sí lo aprovecha y quizás nos incluye en su plan. Por supuesto, en esa inclusión, de esa manera, sencillamente somos una ficha que alguien usa a discreción, nunca un ente activo.

Y lo tercero es que, como el tiempo no se detiene, suele ser muy ventajoso planificar. Pero no “planificar” haciendo una larga lista de aspiraciones o actividades. Hablo de tomar ahora las decisiones de lo que habrá de ocurrir después. Hablo de pensar en el futuro de las decisiones presentes, y en correspondencia con un proceso que habrá de ser seguido y reajustado en función de lo que no logremos prever.

Muchos dicen que el tiempo se encarga de todo. De ser así, no haría falta “mover un dedo” para nada porque ya tendríamos quien se encargue. El paso del tiempo nos permite apreciar cambios, pero ¿has probado a generar esos cambios? ¿O te conformas con solo apreciarlos?

El tiempo sirve para muchas cosas. Pero, como ocurre casi siempre, solo lo valoramos cuando escasea y, en muchos casos, cuando ya se está terminando. El tiempo pasa siempre a la misma velocidad. Pero depende del uso que de él hagamos para sentir lentitud o rapidez. El tiempo puede ser dilapidado o aprovechado. Una u otra decisión está en nuestras manos.

En definitiva, con el tiempo que se fue es muy poco lo que podemos hacer. Dicen que sirve para revolcarse. El tiempo presente (regalo) nos permite dejar que se vuelva pasado o aprovechar para organizar mejor el que viene (que llegará antes de que termines de leer la siguiente palabra).

En este tema es muy útil identificar el grupo al que perteneces. Mucha gente está esperando al 2021 para ver qué trae, y hasta confía en que sea mejor que el 2020 (ojalá). Pero quien ya aprendió sabe muy bien que el 2021 comienza con el segundo que sigue al final del 2020. Y mejor todavía, quien sabe más tiene muy claro que el tiempo que le queda comienza ahora mismo.


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