Por NƩstor EstƩvez

El de comunicar es uno de esos oficios que parecen sumamente fÔciles. Pero comunicar tiene sus complejidades. Y aunque el tema es muy amplio, aquí solo abordaré, de manera muy breve, algunos aspectos relacionados con la denominada Comunicación de Crisis.

Conviene mucho hacerlo porque la comunicación se sigue asumiendo de manera creciente como a “Santa BĆ”rbara”, de quien nos recordamos cuando truena; o como “dios de los apuros”, a quien se acude cuando llega la “hora de la verdad”.

El tema resulta oportuno ante lo que algunos consideran – Dios nos libre - inicio de una “epidemia”: los asaltos a entidades de intermediación financiera. Como se sabe, en muy pocos dĆ­as, han ocurrido asaltos en los dos principales bancos, juzgando por sus tamaƱos, de RepĆŗblica Dominicana.

Antes de ir a lo central, justo es dejar constancia de que existen quienes, al referirse a este tema, prefieren hablar sobre “Gestión de Crisis”, asumiendo que la comunicación se convierte en herramienta clave para lograr propósitos, incluyendo afrontar situaciones de crisis. De todos modos, en este breve escrito, seguiremos refiriĆ©ndonos al tema como Comunicación de Crisis.

Así preferimos denominar a ese componente esencial en la gestión de emergencias, ese que permite a las organizaciones y líderes manejar situaciones adversas de manera eficaz y mantener la confianza de sus públicos de interés.

Una de las principales complejidades de la Comunicación de Crisis es que debe operar en un mundo en donde dizque “todos comunicamos”. ¿Sabemos hacerlo? ¡OjalĆ”! Pues, sencillamente, la capacidad de comunicar claramente durante una crisis puede marcar la diferencia entre el Ć©xito o el fracaso en la gestión de quienes estĆ”n llamados a afrontarla.

La comunicación en general, y en particular la de crisis, tambiĆ©n tiene una virtud: enseƱa. Claro estĆ”: que “enseƱe” no significa que todo el mundo “aprenda”. Por eso encontramos a quienes se destapan con actuaciones que van desde intento de negar el hecho hasta decir que “se llevaron poco dinero”.  

¿CuĆ”nto es “poco dinero”? ¿CuĆ”nto es “poco” para quien vende cafĆ© o tĆ© por la calle? ¿CuĆ”nto es “poco” para un accionista de un banco? ¿CuĆ”nto es “poco” para un gran empresario? ¿QuĆ© se pretende dejar en la mente de quien recibe un mensaje asĆ­?

En el mÔs reciente de los casos, ademÔs de admitir el hecho, el vicepresidente ejecutivo de Comunicaciones Corporativas, Reputación y Banca Responsable llegó en tiempo récord a la escena del hecho y habló de manera clara y objetiva.

Desde el mismo lugar explicó que “en ese momento habĆ­a clientes y por supuesto estaba nuestro personal”. A ello agregó: “lo mĆ”s importante es que no hubo agresión fĆ­sica”. Y se empeñó en hacer saber: “Nuestro personal estĆ” siendo atendido por el equipo de psicólogos del departamento de Recursos Humanos”. 

He aquĆ­ una breve “cĆ”tedra” para trabajar la comunicación durante una crisis. Si bien es cierto que no existe una fórmula para todas las crisis, porque no necesariamente son iguales, lo real es que admitir y colocar al ser humano en el centro marcan una clara diferencia en su gestión. En ese pĆ”rrafo se admite y ofrece los detalles disponibles hasta ese momento. Pero fundamentalmente se centra en clientes y personal, y todavĆ­a mĆ”s, en sentimientos relacionados con esas personas y con sus familiares y allegados.

Este modo de trabajar la comunicación conecta con el criterio de que ante cualquier crisis necesitamos minimizar el impacto negativo en la reputación de una organización, así como asegurar que el público y otras partes interesadas reciban información precisa y oportuna. Según Coombs (2007), "la comunicación de crisis es el diÔlogo entre la organización y sus públicos antes, durante y después de la ocurrencia de un evento que puede afectar negativamente".

En el oficio de comunicar, fundamentalmente ante las crisis, hay elementos bÔsicos. Comunicar con transparencia y honestidad ayuda a construir confianza. Actuar con rapidez y eficiencia sirve para controlar la narrativa y reducir el pÔnico entre el público. Demostrar empatía y sensibilidad conduce a humanizar la organización y a conectar emocionalmente con las partes afectadas. Y la consistencia en el mensaje evita confusión y desconfianza.

Hay otras claves muy valiosas, pero deberƔn ser retomadas en otra oportunidad en la que abordemos el oficio de comunicar.