Por NƩstor EstƩvez
Mientras seguĆa las incidencias del Mundial, un jugador comenzó a llamar grandemente mi atención. No fue Ćŗnicamente por sus movimientos, por su manera de interactuar ni por esa seguridad impropia de su edad. Algo en Lamine Yamal, mĆ”s allĆ” del fĆŗtbol, me despertó curiosidad. Quise saber quiĆ©n era aquel muchacho capaz de jugar como si no sintiera el ruido del estadio.
Buscando información encontrĆ© una expresión suya: “SĆ© que el camino es muy largo y que tengo muchas cosas que mejorar”. La leĆ dos veces. Tal vez porque uno espera de una estrella joven una declaración mĆ”s grandilocuente, mĆ”s ostentosa, mĆ”s cercana a la vanidad. Pero Ć©l hablaba del camino. No de la cima. Y creo que ahĆ tenemos una primera gran lección.
Aunque todavĆa me considero muy lejos de ser hincha, mi interĆ©s por el muchacho de 19 aƱos y por el fĆŗtbol estĆ” aumentando. Por eso hurguĆ© en sus ancestros en Marruecos y Guinea Ecuatorial. Pero tambiĆ©n he buscado en su entorno, en el deporte.
MƔs lecciones
He observado talento, pero también jugadores corriendo para cubrir al compañero, suplentes celebrando desde el banco, defensas aceptando hacer el trabajo odioso. Por eso debe ser que el dirigente español Luis de la Fuente dice: cuando se comparte un objetivo, cada futbolista lo deja todo por el otro. Lección: el camino nunca se recorre solo.
Una noche pensé en nuestros pueblos. Aquà también abundan las personas hÔbiles, pero muchas veces falta el equipo. Cada quien empuja por su lado, cuida su pequeño espacio y sospecha del vecino. Nos mueven a competir antes que a colaborar. Por eso cuesta tanto reparar una carretera, defender una escuela o ponerse de acuerdo para escoger una prioridad. Lección: sobran talentos; faltan caminos compartidos.
El seleccionador de Cabo Verde, Bubista, dio otra pista. Explicó que su equipo habĆa terminado la primera fase sin perder gracias a la organización y al espĆritu colectivo. No habló de suerte. Habló de orden. PensĆ© entonces que no es suficiente con que nuestra gente sea sana. TambiĆ©n necesitamos horarios, responsabilidades, reuniones, tareas y la disciplina de cumplir lo prometido.
Anthony Gordon, del equipo inglƩs,dijo lo siguiente como si hablara para nosotros: estar juntos significa impulsarnos, ayudar al compaƱero y avanzar por el mismo camino hacia un objetivo. Me imaginƩ a un equipo deteniƩndose para levantar a quien cae. DespuƩs imaginƩ un barrio haciendo lo mismo con el joven que abandona la escuela, la familia que pierde su casa o el anciano que vive solo.
Fue entonces cuando entendĆ por quĆ© el fĆŗtbol despierta emociones que la polĆtica, la escuela y hasta la iglesia a veces no consiguen reunir. Un partido crea, durante un rato, un “nosotros”. El desafĆo estĆ” en evitar que ese “nosotros” termine junto con el juego. Lección: si se llena un estadio de camisetas distintas, tambiĆ©n se puede unir manos para mejorar el lugar donde vivimos.
Ejemplos de integración
Retomo a Lamine Yamal, con su expresión legendaria sobre Francia y EspaƱa como ejemplos de integración. “De eso se trata el fĆŗtbol”, dijo. MirĆ© las alineaciones y comprendĆ que el equipo no pedĆa a nadie borrar su origen. Cada jugador llevaba su historia, su acento familiar y su color de piel. La unidad no nacĆa de parecerse, sino de aprender a jugar juntos.
Al final, de EspaƱa y Argentina hay lecciones clave: Ferran Torres dijo que el gol ganador pertenecĆa a millones de personas. Messi habló del apoyo de todo un paĆs. Las dos voces parecĆan responder a la misma pregunta: ¿de quiĆ©n es una victoria? De quien anota, sĆ, pero tambiĆ©n de quien entrena, acompaƱa, cura, escucha, organiza y cree. El triunfo es una casa construida por muchas manos.
Cuando terminó el Mundial, volvà a la primera frase de Lamine Yamal. El camino era largo. Lo era para él y también para nosotros. Aprender a convivir, confiar y trabajar juntos no ocurre de repente. Se practica, como un pase, hasta que sale bien.
Ahora miro el fĆŗtbol de otra manera. Ya no veo solamente goles y trofeos. Veo un ensayo de sociedad. Y pienso que, si somos capaces de cuidarnos dentro de una cancha, todavĆa podemos aprender a cuidarnos fuera de ella, a cuidarnos como comunidad.
