Redacción Elmasacre.com
Una cacería de brujas se ha desatado en los últimos tiempos en el sector aduanero dominicano, en una escalada alcista impositiva y de aplicación de draconianos reglamentos y limitaciones que amenaza con hacer desaparecer el importante y significativo servicio de envíos de paquetes de comida y ropa que de manera tradicional se mantiene desde hace muchos años, encaminado por los dominicanos que residen en el exterior, en una medida solidaria dirigida a paliar en parte las necesidades, estrecheces y limitaciones que afectan a sus familiares que residen en territorio patrio.
Tal parece que la voracidad de las autoridades aduanales dominicanas, en sospechosa componenda con ciertos personeros del comercio local, no concilia con la alegría que se expresa en el rostro de una familia dominicana cuando recibe los alimentos, ropa y enseres que con mucho esfuerzo les envían periódicamente sus familiares que residen en tierras extranjeras, principalmente en diversos puntos de los Estados Unidos, naciones europeas y otros puntos de las islas del caribe, centro y Sudamérica.
Esto decimos porque, de golpe y porrazo, se ha comenzado a golpear este significativo trasiego de ropa y comida que, por su trascendencia y significado ha llegado a adquirir connotaciones de alto contenido social y comunitario, y que en gran medida, al igual que el servicio de las remesas, contribuye a equilibrar, aun sea en parte, la barrera social que aleja cada día a ricos y pobres de nuestro país, resolviendo de paso, aspectos sociales y comunitarios cuya solución corresponde mayoritariamente al Estado Dominicano, sus ejecutivos y sus instituciones oficiales.
Sin necesariamente entrar en aspectos de tipo estadístico, propios para economistas y eruditos de las finanzas nacionales, es sabido de todos que con el negocio de envío de ropa, comida, enseres del hogar y electrodomésticos usados, se mantienen a flote muchas familias humildes a quienes la desigual sociedad en la que vivimos no les ofrece mejores opciones de sobrevivencia.  En efecto, con la comida recibida se sacia el hambre y suplen las vitaminas, proteínas y demás componentes que requiere el organismo para subsistir y enfrentar en mejores condiciones la dura vida.
Este singular negocio, del que forman parte importantes núcleos de entidades relacionadas con el sector aduanero, involucra, además, a un gran conglomerado de empleados que se sostienen a sí mismos y a sus familias gracias al tesón y afán que despliegan para sacar a flote, por encima de una montaña de requerimientos burocráticos aduanales, el humilde paquete o el tanque contentivos de los artículos que han de paliar las urgentes necesidades de un ejército de dominicanos desposeídos de la fortuna que han cifrado sus expectativas en el apoyo y la solidaridad que reciben de parte de sus familiares que han emigrado a otras tierras en busca de un mejor futuro.
Para aumentar los impuestos y establecer las recientes regulaciones aduanales -que tienen mucho de draconianas-, se aduce que el negocio del trasiego de paquetes es muy permeable y falto de controles, lo que facilita el contrabando de mercancías prohibidas por la reglamentación oficial y el uso indebido de este servicio al ser usado para el transporte subrepticio de armas, artículos pasibles de ser gravados con impuestos y sustancias controladas, con lo que se estaría incurriendo en evasión fiscal, por un lado, y faltas graves de tipo delincuencial, penadas por la ley, por el otro.
Esta torpe acusación ha sido respondida vigorosamente por los llamados consolidadores ymudanceros, quienes postulan que su labor se limita a garantizar el empaque adecuado de los artículos y formalizar el papeleo administrativo requerido para el debido embarque. Al Estado le corresponde, como justamente alegan los empresarios de carga, dispensar los dispositivos de control y seguridad que garanticen la observancia de las reglamentaciones e impidan que se cometan los alegados escapes y violaciones.
En definitiva, la Dirección de Aduanas y el Estado cuentan para ello con sofisticados equipos y una batería administrativa supernumeraria que debe justificar sus sueldos revisando con profesionalidad y sin abusos ni excesos, el contenido de los furgones, cajas y tanques que a diario abarrotan los puertos de entrada al país. 
Se cae en la subjetividad y de paso se comete una garrafal injusticia cuando se condena de manera alegre a los consolidadores por faltas y descontroles que corresponde al Estado corregir. Más aún, los humildes receptores de esos envíos no deben pagar las consecuencias de esta guerra desaforada que, en el fondo, solo persigue beneficiar a los grandes comerciantes importadores, que observan con ojeriza la llegada al país de envíos a los que ellos no han podido hincarles las garras, según alegan los empresarios del transporte de carga.
A tono con esta problemática, los mudanceros y consolidadores agrupados en las asociaciones y entidades que les  representan en diferentes puntos del país y del extranjero vienen desarrollando un plan de lucha que persigue hacer conciencia entre entidades gremiales y comunitarias, legisladores y el pueblo dominicano en general sobre la justeza de sus reclamos. De igual manera, se ha dado inicio a una ronda de conversaciones con representativos de la diáspora dominicana en los Estados Unidos y Europa y de manera especial con aquellos que ostentan en la actualidad posiciones destacadas en organismos congresionales, municipales y comunitarios, dado el peso específico que podrían tener sus palabras frente a la sordera y tozudez con que se vienen manejando las autoridades aduanales dominicanas frente a sus justos reclamos. 
El pleito amenaza con extenderse pero la verdad y la justicia terminarán imponiéndose, aducen los representativos de las compañías de consolidadores. A la postre, el gobierno dominicano tendrá que entrar en razón dejando trabajar en paz a los esforzados hombres y mujeres que con su labor contribuyen a llevar un poco de aliento y alegría a miles de hogares dominicanos.
 El sudor y el esfuerzo de los dominicanos que luchan día a día en tierras extrañas, en beneficio de sus humildes familias, así lo demandan.