Renuncia de Jovenel Moïse no resuelve la crisis en Haití

La renuncia del presidente haitiano, Jovenel MoÔse, no solucionará la grave situación que vive su país, dejaría la vacancia del Ejecutivo en manos del Congreso que está muy dividido y podría dar paso a una revolución con la toma del poder por políticos radicales.
A eso último teme los Estados Unidos, desde cuya embajada en Puerto Príncipe se ha visto cómo se ha elevado el tono de los discursos de quienes protestan en las calles, con un renovado antinorteamericanismo y llamamientos contra la burguesía.
Si fueran solamente los llamamientos de las turbas no sería nada, pero los manifestantes han dado clara señal de que existe un serio problema de lucha de clases, al atacar negocios de todo tipo, hoteles y hasta la Televisión de Haití, normalmente neutral. A la poblada le llaman “país cerrado”.
Estados Unidos no sabría qué hacer en las presentes circunstancias. El miércoles recibió en el despacho del asesor de Seguridad, en Washington, D. C., John Bolton, al canciller haitiano, Boccit Edmond, enviado con urgencia por el asediado Presidente.
Bolton, reconocido por sus posturas fuertes es reconocido por el título de su principal libro: “Rendirse no es una Opción”, cuyo mensaje esencial pudo transmitir al presidente MoÔse, ya que el viernes tras recibir al Canciller, reafirmó que no dejaría la Presidencia.
Sin apoyo popular
Sin apoyo popular, MoÔse fue elegido en segunda vuelta en los comicios del 2016, tras la primera vuelta en 2015 en la cual ninguno de los candidatos obtuvo una mayoría sobre el 50%. Su elección en  los dos comicios se reputó fraudulenta, aunque la apoyó Estados Unidos.

Si MoÔse dejara el puesto apremiado por las circunstancias que vive Haití, que no son nuevas en su historia, caería también su primer ministro, Jean HenryCéant y su gabinete, lo que daría paso provisional al presidente de la Asamblea Nacional, Carl Murat Cantave.
Cantave ha estado urgiendo al presidente MoÔse a convocar a todos los sectores para resolver la crisis, pero muchos observadores creen que está a la espera de que la situación se deteriore todavía más para que el poder caiga en sus manos. Ha dicho: “Hay que preparar la salida del Presidente”.
Los reclamos originales de las multitudes que recorren todas las ciudades grandes de Haití, se refieren a un supuesto saqueo de los 2 mil millones de dólares recibidos por el país como parte de la asistencia de Petrocaribe, el programa venezolano de subsidio petrolero.
El índice del supuesto robo va dirigido a MoÔse, pero también en general a la clase política haitiana, que como la burguesía del país, vive una vida completamente distinta a la población de la base y a los trabajadores que ganan salarios miserables.
La historia se repite
Los graves disturbios de los últimos 10 días dicen que la historia turbulenta del país se repite una y otra vez desde la independencia en 1804, a lo que siguió la matanza de los ocupantes franceses, una catástrofe ordenada por el libertador Jean Jacques Dessalines.

La historia recoge solamente períodos cortos de relativa tranquilidad. En el siglo pasado algunos fueron de dictadura no tan sangrienta como las de los primeros gobernantes. Otros muy férreos como la era Duvalier, padre e hijo, desde 1957 al 1986, tienen sitio aparte.
Todo el siglo antepasado encontró a Haití en lucha intestina entre sus políticos ambiciosos y en el empeño de someter a la República Dominicana que se había independizado en febrero de 1844. El estilo de la democracia representativa llegó tarde al país.
La historia recuerda que Dessalines fue declarado emperador con los mismos privilegios del emperador Napoleón, de Francia; Cristóbal, a quien la naciente república encargó defender Cabo Haitiano, fue proclamado rey, y en 1848 el Senado designó emperador de HaitÏ, a Faustino Souluque, un verdugo para los dominicanos.
Más de 100 años después, Francois Duvalier, elegido en 1957, se declaró Presidente vitalicio y a su muerte en 1971 dejó el cargo a su hijo, Jean Claude, expulsado del poder por las turbas como las que asedian al presidente MoÔse. Huyó del país en 1986.
Las divergencias han producido matanzas entre adversarios políticos, conspiraciones, asaltos al poder y crueldades increíbles como la sufrida por el presidente Vibrun Guillaume Sam, quien bajo el asedio de sus enemigos se asiló en la Legación de Francia, de la cual fue sacado y linchado en la calle.
El acontecimiento fue la excusa de los Estados Unidos para invadir Haití, aunque en el fondo se creyó que tenían el propósito de recuperar las deudas del país con el Norte. La ocupación duró desde 1915 al 1934 y dio vida a “los cacos”, guerrilleros que se alzaron contra la misma. Un período de relativa tranquilidad, de dicta blanda, fue la presidencia de Paul EugËne Magloire, Bon Papá, escogido en las primeras elecciones presidenciales y legislativas. Durante su mandato, llamado “belle époque”, se celebró el bicentenario del país (1954), se abrieron carreteras, escuelas y fue designado el primer obispo haitiano, monseñor Rémy Agustin.
Magloire fue el más sabio de los gobernantes haitianos del siglo pasado. Ante una conspiración que se veía venir por haber extendido su período del 1950-1956, entregó el poder al Ejército y se embarcó hacia la ciudad de Nueva York. Regresó a morir en Puerto Príncipe en 2001.
Haití vs RD
Haití ha vivido en la miseria desde la independencia pero en años recientes la situación se ha agravado por catástrofes naturales y epidemias que han costado la vida a millares de personas y destrucción en sus ciudades. La población de Haití es de 10 millones de personas.

Los organismos internacionales dicen que la gente de Haití sobrevive con el equivalente a 2 dólares al día y que tuvo un crecimiento de su PIB de 1,9% aunque el régimen de MoÔse anticipaba un 2,2%. El país no ha podido aprobar 1,650 millones de dólares de su presupuesto para 2019.
Hay una contradicción enorme entre Haití y la República Dominicana, que para este año tiene fijado un crecimiento de su PIB sobre el 5%, una economía estable y disciplinada con un Banco Central prudente. La moneda de Haití, el gourde, ha estado devaluándose.
Haití vive de la República Dominicana mediante las compras por la frontera de productos esenciales, así como de cemento y varilla, indispensables para la construcción. Una preocupación por el permanente contrabando ha hecho que la frontera común haya sido cerrada de vez en cuando.
Como segundo socio comercial de la RD que despacha millares de inmigrantes  que han sustituido a los dominicanos en las construcciones, las remesas que salen desde puestos de envíos en todo el país benefician que la balanza de pagos sea menos deficitaria.
La democracia robusta de que gozan los dominicanos y la percepción de que el presidente Medina es un gobernante apreciado por la mayoría de la población de acuerdo a las encuestas, la alternancia en el poder y su pujante industria turística hacen una diferencia.