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Antes de que sea demasiado tarde

 Por Néstor Estévez. Con alta frecuencia solo queda lamentarse por haber “pasado con ficha” o sencillamente por dilapidar lo que después lle...

 Por Néstor Estévez.


Con alta frecuencia solo queda lamentarse por haber “pasado con ficha” o sencillamente por dilapidar lo que después llegamos a valorar.

En algunas de esas ocasiones hay oportunidad para recuperar, en otras se logra compensar, pero en muchas otras solo queda ocasión para lamentar y para el famoso “si lo hubiéramos sabido”.

Por fortuna, eso se puede prevenir. Es asunto de detenerse, en medio de la velocidad a que vamos como sociedad, y encontrar oportunidades para algo que suele ser común denominador en cualquier plan estratégico: identificar lo que se tiene, poner foco en lo que se quiere, y determinar cómo hacer para, bien usando lo primero, conseguir lo segundo.

Quizás resulte aleccionador referir lo que ocurre en Santiago Rodríguez, una de las cuatro provincias de la Línea Noroeste, con apremiantes necesidades, por un lado, y grandes potenciales, por el otro, para lograr auténtico desarrollo. 

Se trata de un territorio rico en recursos naturales, principalmente agua. Esta provincia destaca por sus potenciales para la ganadería, siendo conocida como “Capital de la leche”, en atención a la cantidad y calidad con que produce esa materia prima.

“Cuna de músicos”, “Capital del casabe”, hermosos atractivos para el ecoturismo, bajísima tasa de delincuencia y la peculiar manera de atraer que caracteriza a su gente, entre otros atributos, destacan en un territorio que algunos han llegado a considerar como “un tesoro escondido”.

Una riqueza desperdiciada

Santiago Rodríguez no ha encontrado un liderazgo que unifique el deseo de identificar puntos comunes entre el interés particular y el interés general. Desde su fundación como provincia, este territorio ha estado a expensas de las (posibles) buenas intenciones de quienes cuentan con cierto nivel de conexiones con las autoridades de cada turno.

Aunque es un territorio rico en fuentes acuíferas, la mala gestión de ese recurso provoca que, de manera cíclica, haya que acudir en apoyo de la ganadería porque languidece de sed y hasta llegan a morir muchas reses.

Pero no solo ocurre con la ganadería. Contando con las cuencas de ríos como Mao y Guayubín, y el nacimiento de Artibonito, y abasteciendo de agua a gran parte del Noroeste, sus tres principales centros urbanos (Sabaneta, Monción y Villa Los Almácigos) no cuentan con acueductos eficientes.

Las condiciones de este territorio para el ecoturismo han sido subutilizadas. Algunas iniciativas, principalmente particulares, han ido tomando forma. Sin embargo, el hecho de que no exista un plan claro al respecto va poniendo en peligro la sostenibilidad de esos emprendimientos.

Una señal peligrosa

La defensa de los recursos naturales ha sido un accionar permanente por algunos sectores, principalmente integrados por residentes en la parte montañosa del territorio. Desde intentos por explotación maderera indiscriminada hasta labores de cultivos que deterioran el entorno, pasando por quema y otras prácticas deleznables, han tenido que ser enfrentadas en Santiago Rodríguez.

Actualmente sigue en una especie de limbo la decisión en torno al Parque Manolo Tavárez Justo, creado mediante decreto número 371-11, pero quedando sin esa condición por la sentencia 0905/18, del Tribunal Constitucional.

Esa situación ha provocado que alguna gente aproveche para desarrollar actividades de cultivo y hasta de ganadería, dañando fuertemente una cuenca para dejar sin agua a toda una región y echando a perder esfuerzos como la Presa de Monción y la iniciada recientemente en Boca de los Ríos.

Es tan desmedido el interés particular, en desmedro del interés general, que uno de los líderes con más arraigo en la zona acaba de ser amenazado de muerte por el único “delito” de defender lo que es de todos.

Por fortuna, Ramón Enrique Torres (Moncito) está recibiendo el respaldo de todas las personas sensatas del territorio y de la región, así como de las principales organizaciones populares y vinculadas a la sostenibilidad en otros puntos del país.

Ojalá que esta peligrosa señal sirva como alerta para que, por fin, se entienda en Santiago Rodríguez, y en otros casos con estos males, que sin un plan se llega a cualquier lugar, pero no al deseado. 

Ojalá sirva para ayudar a entender que el real desarrollo de un territorio implica el involucramiento de la mayor diversidad posible de fuerzas vivas para garantizar la sostenibilidad de los esfuerzos.

Ojalá sirva para valorar adecuadamente todo lo que se tiene para generar bienestar, antes de que sea demasiado tarde.


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