Por NƩstor EstƩvez.
Hay una anĆ©cdota muy simpĆ”tica relacionada con el origen de la palabra “tino”.
La Real Academia EspaƱola nos ofrece cuatro acepciones para esta palabra:
1. m. HƔbito o facilidad de acertar a tientas con lo que se busca.
2. m. Acierto y destreza para dar en el blanco u objeto a que se tira.
3. m. Juicio y cordura.
4. m. Moderación, prudencia en una acción.
Pero si rebuscamos en su origen encontraremos que se cuenta sobre una confusión en el surgimiento de la palabra “tino”. Dicen que realmente proviene del latĆn destinare (de-stinare, no des-tinare), pero los hablantes malinterpretaron y creyeron que se trataba de “des” (prefijo que indica inversión de una acción), en lugar de “de” (indicando dirección de arriba abajo).
El asunto es que, ante la confusión, decidieron cambiar la supuesta “des” por “a” (aproximar), para dar origen al verbo “atinar” (acertar o dar en el blanco).
Pues, sin que reparemos en ello, da la impresión de que hemos vuelto a confundirnos. Asà parece ocurrir, principalmente en lo relacionado con la gestión de los mensajes. Y eso, de manera coincidente, amenaza con hacernos perder el tino.
Cuentan que, hasta hace poco tiempo, era muy comĆŗn encontrarse a jóvenes reunidos en largas discusiones sobre algĆŗn tema estudiado, la mĆ”s reciente obra leĆda y hasta en relación con la corriente de pensamiento por la que cada uno estaba siendo influido. Relatan que era perfectamente posible encontrarse con que, si una discusión se tornaba mĆ”s interesante que la cĆ”tedra a la que se debĆa asistir, lo segundo quedaba relegado.
Sin embargo, nos ha correspondido una realidad muy diferente a quienes vivimos estas primeras dĆ©cadas del siglo XXI. Como resulta tan difĆcil encontrarse con discusiones como aquellas, y como ademĆ”s hemos venido en ese trĆ”nsito hacia la virtualidad, nos quedan a la mano espacios como las modernas redes sociales y sus omnipresentes “tendencias”.
¿CuĆ”ntas veces habrĆ” sido tendencia el contenido de un libro? ¿CuĆ”nto de edificante tendrĆ” el contenido que de manera insistente se vuelve tendencia? ¿A dónde nos lleva la interiorización de esos contenidos? ¿CuĆ”les sentimientos y acciones suelen asociarse con esos mensajes?
Algunos estudiosos suelen decir que somos el promedio de las cinco personas con las que mĆ”s interactuamos. El propio saber popular sentencia: “Dime con quiĆ©n andas y te dirĆ© quiĆ©n eres”. Sencillamente se trata de formas variadas para expresar la importancia de la interacción entre las personas.
Otros estudiosos hablan de las denominadas neuronas espejo o neuronas especulares. AsĆ denominan a las cĆ©lulas nerviosas de nuestro cerebro que estĆ”n especializadas en imitar las acciones que inconscientemente llaman nuestra atención. Explican que esas neuronas nos permiten sentir empatĆa, imitar a los demĆ”s, asĆ como sentir y saber si alguien nos estĆ” mintiendo o engaƱando.
Lo real es que, de la misma manera en que nos hace mal o bien lo que comemos, lo que recibimos como mensaje va a determinar desde nuestros sentimientos hasta nuestras acciones y, lógicamente, las consecuencias. Incluso, los mensajes que emitimos, nuestros o de otros, terminan construyendo nuestra reputación. Y si a eso agregamos el hecho cierto de que lo que hacemos “dice” mucho mĆ”s de nosotros que lo que decimos, entonces la gestión de los mensajes deberĆ” ser una tarea de altĆsima prioridad.
En consecuencia, cuidar el contenido de lo que escuchamos o vemos, calcular el tiempo que dedicamos a cada tipo de contenidos, asĆ como fijar objetivos y determinar los contenidos y las formas que nos ayudarĆ”n a lograrlos, son lĆneas claves para atinar con nuestras acciones.
A eso se agrega el hecho de tener muy presente que lo que decimos, y todavĆa mĆ”s, lo que hacemos, construye (y tambiĆ©n puede destruir) la imagen que los demĆ”s tienen de nosotros. Es sumamente Ćŗtil recordar que entre los demĆ”s estĆ”n incluidas personas que nos importan mucho y hasta pueden ser determinantes para que logremos Ć©xito en lo que emprendamos.
Si no cuidamos los contenidos ni la estrategia para el uso de los mismos (los que emitimos y los que recibimos), nos encaminamos de manera veloz a perder el tino, a perder el hƔbito o facilidad para acertar con lo que buscamos.
Si cuidamos contenido y estrategia, entonces lograremos moderación, prudencia, juicio y cordura. Asà lograremos acierto y destreza para dar en el blanco, para lograr los objetivos.
