«Tenemos informaciones de que un gran nĆŗmero de bandidos atacaron la aldea de Ajata, en (la localidad de) Shiroro, este miĆ©rcoles, mataron a muchos y secuestraron a otros tantos», dijo a Efe por telĆ©fono Rahman Adams, secretario de la Coalición de Asociaciones de Shiroro.
SegĆŗn el activista, «se han recuperado 30 cuerpos de los bosques hasta el momento, mientras muchas personas, incluyendo los cuatro trabajadores de una mina chinos, siguen desaparecidos».
Un fuerte tiroteo entre los atacantes y diferentes fuerzas de seguridad sucedió al asalto y medios locales reportaron la muerte de varios agentes.
Sin embargo, una fuente castrense consultada por Efe que quiso mantener el anonimato confirmó el ataque, pero no el número de soldados muertos.
«Perdimos a algunos hombres. No tengo la cifra concreta, pero son mĆ”s de ocho. TambiĆ©n neutralizamos a algunos de los terroristas», detalló la citada fuente.
Efe trató de contactar sin Ć©xito al portavoz de la PolicĆa asĆ como a las autoridades regionales.
Los estados del centro y noroeste de Nigeria sufren ataques incesantes por parte de «bandidos» -tĆ©rmino usado en el paĆs para nombrar a las bandas criminales que cometen esos asaltos- y una ola de secuestros masivos para obtener lucrativos rescates.
La violencia continúa a pesar de las reiteradas promesas del presidente nigeriano, Muhammadu Buhari, de acabar con el problema y del despliegue de mÔs fuerzas de seguridad en la zona.
A esta inseguridad en el noroeste de Nigeria se suma la registrada desde 2009 en el noreste por el grupo yihadista Boko Haram y, desde 2016, por su escisión, el Estado IslĆ”mico en la Provincia de Ćfrica Occidental (ISWAP, por sus siglas inglĆ©s).
Ambos grupos han matado a mĆ”s de 35.000 personas y han causado unos 2,7 millones de desplazados internos, sobre todo en Nigeria, pero tambiĆ©n en paĆses vecinos como CamerĆŗn, Chad y NĆger, segĆŗn datos gubernamentales y de la ONU.
